¿A quiénes beneficia la Bonanza Económica?

Por Beatriz Muriel, Ph.D. *

La bonanza económica que ha experimentado Bolivia durante los últimos diez años es ya bien conocida por todos; donde las razones se asientan desde el fuerte incremento de los precios de las materias primas hasta la nueva Ley de Hidrocarburos que permitió más recursos para el país. Sin embargo, en esta coyuntura hubieron muchos ganadores; pero lamentablemente también  perdedores ¿Quiénes son?

Una forma de analizar esto es a través de los trabajadores formales e informales; medidos aquí de acuerdo a su afiliación o no a las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP).

La Tabla 1 presenta las tasas de crecimiento real (es decir, tomando en cuenta el aumento del costo de vida) promedio anual de los ingresos laborales por hora entre 2002 y 2012. En el caso de los trabajadores informales (no afiliados a las AFP), éstas han sido positivas, siendo la más importante el crecimiento de los ingresos en las zonas rurales (7.61%). Esta es, sin duda, una ¡muy buena noticia!; inclusive porque, en general, los retornos laborales de esta mano de obra han sido bajos. Aún, en el año 2012, en promedio, ellos tenían un ingreso por hora bajo (Bs. 3.63) comparado con sus semejantes urbanos (Bs. 10.45).

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Al respecto se han lanzado una serie de hipótesis para explicar esta buena noticia. Entre ellas, la primera es que la bonanza, acompañada de más dinero en la economía, ha generado una mayor demanda de bienes, pero sobretodo servicios, dinamizando la producción informal (como aquella realizada por las comideras, los lavadores de autos, los servicios para la construcción, etc.). La segunda es que los precios de varios productos agrícolas (soya, quinua, coca, etc.) han aumentado y, junto con ello no solamente se han beneficiado los grandes productores, sino también los micro y pequeños. La tercera es que ha habido un proceso de emigración del campo importante acompañado de un proceso de urbanización; lo que, por un lado, ha dinamizado aún más la producción informal y, por otro lado, ha reducido mano de obra en el área agrícola aumentando la productividad (por ejemplo, antes toda la familia trabajaba en la cosecha del terreno familiar y ahora solamente lo hace la mitad de ella pues algunos se fueron a España y otros a El Alto).

La Tabla 1 presenta también a los perdedores de esta bonanza, lo cual ciertamente es una ¡mala noticia! Ellos son los trabajadores afiliados a las AFP (asalariados y no-asalariados) del sector privado; que experimentaron, en promedio, una tasa de crecimiento negativa en sus ingresos laborales (-0.45% año). A  los trabajadores del sector público (administración pública, militares, profesores, médicos, etc.) les fue mejor; aunque la tasa fue baja (0,78% año). En las zonas urbanas esta tasa se mantuvo negativa (-0.34% año), coincidente con una mayor participación de trabajadores formales del sector privado, mientras que en las zonas rurales la tasa fue positiva concentrando básicamente los trabajadores del sector público y la cooperación.

En este caso también se han planteado una serie de hipótesis para explicar esta mala noticia. Entre ellas, la más importante está asociada a los elevadísimos costos de la formalización. Como ya es bien sabido, la formalización implica muchas gestiones y pagos (… pagar el impuesto a las utilidades, el impuesto al valor agregado, el impuesto a las transacciones, conocer cabalmente la norma para todos estos pagos para evitar las múltiples penalidades, contar con registros contables, laborales, etc. y actualizarlos mensualmente, inscribirse a FUNDEMPRESA, inscribirse a la Municipalidad, inscribirse al Sistema de Impuestos Internos, declarar continuamente todos los diversos gastos e ingresos, hacer filas interminables para las diferentes inscripciones, declaraciones y procesos, pagar el doble aguinaldo, seguros de salud, contribuciones a las AFP (fondo solidario, seguro profesional, seguro común, etc.), primas, indemnizaciones, desahucios, quinquenios, bonos dominicales, horas extras, asumir los costos de la inflexibilidad laboral, etc. etc. etc. etc.….) que en la práctica generan fuertes desincentivos a la formalización; aún más porque en muchos casos el sector privado formal no solamente compite con el informal, que como se vio está en bonanza, sino con el negro (contrabando de múltiples bienes que son expuestos a plena luz del día). De esta manera, una muy buena parte de los ingresos laborales de los trabajadores privados formales (empleadores, empleados, independientes y dependientes) se dedica a pagar parte de todos estos impuestos y gastos.

Ciertamente es una buena noticia que los ingresos de los trabajadores informales hayan crecido; pero la caída de los ingresos de aquellos formales insertos principalmente en el sector privado llama a una evaluación profunda de los múltiples desincentivos que existen en el país para el desarrollo productivo formal; el que incluso es más sostenible en un largo plazo.

* La autora es Investigadora Senior del INESAD, Ph.D. en economía, bmuriel@inesad.edu.bo

 

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One comment

  1. Bea, yo hubiera titulado el artículo algo respecto a los trabajadores porque de ello se trata. Efectivamente los que tienen renta fija no se han beneficiado de los nuevos ingresos. Los informales si, porque ha ido acompañando paralelamente el incremento de los ingresos. Esto es producto del viejo concepto que los salarios son inflacionarios (se han puesto topes a los ingresos de los trabajadores públicos, nadie debe ganar más que el presidente, OMA´s para contraer la oferta monetaria, revaluación de la moneda).