
Por: Beatriz Muriel H.*
Javier Aliaga L. (investigador senior asociado de INESAD) –en su entrevista con Eduardo Pando– señaló que la actual economía boliviana se asemeja a un auto parado en plena pendiente, y que una reforma de subsidios a los combustibles exitosa implica dejar de frenar, pero hacer un buen puente para avanzar, lo cual requiere políticas socioeconómicas que promuevan una verdadera reactivación.
Al respecto, el actual gobierno recientemente decretó una reducción de los subsidios a los combustibles –i.e., un aumento de sus precios–, medida que era inevitablemente necesaria para sanear las cuentas fiscales –que se encontraban fuertemente deterioradas, con problemas de iliquidez y con perspectivas de insostenibilidad–, las cuales fueron acompañadas de medidas sociales. Bajo este escenario, me gustaría analizar, en particular, la política salarial subyacente, “el puente que permite avanzar y no retroceder”, a la luz de la evidencia.
El gobierno decretó un aumento del Salario Mínimo Nacional (SMN) a Bs 3.300, desde un monto de Bs 2.750 que prevalecía hasta la fecha –i.e., un incremento del 20%–. Desde una mirada top-down, una medida de esa índole implica proteger a los trabajadores más desfavorecidos; sin embargo, desde la realidad bottom-up del funcionamiento del mercado laboral boliviano, la política presenta una serie de retos.
En primer lugar, cabe recordar que el país cuenta con elevados niveles de informalidad. En particular, los trabajadores cubiertos por la norma –medidos como aquellos que cuentan con aguinaldo, ítem y protección social– representan alrededor del 10% de la población ocupada nacional. Esto quiere decir que la política dista de ser inclusiva, ya que se aplica a un grupo reducido de personas. Aún más, de acuerdo con Muriel y Zuleta (2022), el 59,4% de los trabajadores tenía un ingreso laboral al menos igual al salario mínimo en 2011, y desde entonces la tasa fue cayendo sistemáticamente hasta llegar al 44% en 2020. En 2023 –a partir de la Encuesta de Hogares (EH) del Instituto Nacional de Estadística (INE)– se estima que el porcentaje se redujo aún más, hasta 41%. Esto muestra una desconexión entre las políticas salariales y la realidad económica y laboral nacional a lo largo de los últimos 14 años. De hecho, los ingresos laborales reales han caído desde 2014 a una tasa promedio anual de -1%.
En segundo lugar, en un escenario de políticas de aumento del SMN y, al mismo tiempo, de desaceleración económica y alta informalidad, el empleo menos calificado en el sector privado cubierto por la norma se rezagó de manera significativa. El Gráfico 1 contrasta la caída del empleo de los obreros especializados y otros obreros frente al empleo total –que incluye además gerentes, profesionales y otros empleados–.
Gráfico 1. Empleo en el sector privado cubierto por la norma
(Índice 1995=100)

Fuente: Elaboración propia con base datos del INE.
El índice de empleo total tuvo una tendencia algo creciente hasta el primer trimestre de 2020; aunque luego cayó, asociado al shock del Covid-19 y a eventos posteriores. Sin embargo, los índices de empleo de las categorías de obreros caen sistemáticamente desde 2015, con una disminución acelerada desde 2020. ¡En el último trimestre de 2023, los obreros especializados llegan a representar apenas el 28,4% de este empleo en el último trimestre de 2024!, tasa que representa el 39,3% para el caso de los otros obreros. Esto corrobora lo analizado por Muriel y Machicado (2011), donde se demuestra que el aumento exógeno de los salarios disminuye la demanda laboral formal en mayor medida para los trabajadores no calificados que para los calificados. Aún más, los autores muestran que, en el período de bajo crecimiento económico, a principios de los 2000, las empresas reestructuraron sus costos reduciendo principalmente estos empleos no calificados, lo que explicaría la fuerte reducción desde 2020, sin perspectivas de reversión.
En tercer lugar, cabe señalar que, en las últimas décadas, el tamaño de las empresas comenzó a achicarse, con un mayor crecimiento de micro y pequeñas empresas, sobre todo informales –i.e., hasta 14 trabajadores–, en un escenario de mayores costos asociados a la formalidad. Estas empresas cuentan con márgenes de utilidad bajos y, si son formales, deberán asumir no solamente el aumento de los costos de los combustibles y otros insumos –cuyos precios aumentarán adicionalmente por el incremento de los combustibles–, sino también mayores costos laborales.
Por último, la literatura recomienda que las políticas salariales deban ser negociadas entre pares, empresas y trabajadores, y que el gobierno actúe como árbitro para equilibrar los poderes de negociación. Este principio de la economía laboral debe ser tomado en cuenta para evitar, como hasta ahora, que frente a aumentos salariales vía decreto se reduzca la demanda laboral, ensanchando la precariedad laboral.
En resumen, es importante hacer “un buen puente que permita verdaderamente avanzar y no retroceder”, lo cual ciertamente es una tarea muy compleja y difícil. Con todo, el aumento del SMN parece alejarse de este “principio”; ya que contrariamente a lo que se podría esperar, en el caso de Bolivia –por el funcionamiento del mercado laboral- puede más bien ocasionar una destrucción neta del empleo formal –principalmente para los menos calificados– y un deterioro de las PYMEs formales, haciéndolas más precarias en cuanto a su producción. Todo esto puede afectar el ya incipiente desarrollo productivo y aumentar aún más la informalidad.
Bibliografía
Muriel, H. B. y Machicado, C. G. (2012). Employment and Labor Regulation: Evidence from Manufacturing Firms in Bolivia, 1988-2007. Development Research Working Paper No. 08/2012. Fundación INESAD. La Paz, Bolivia.
Muriel, H. B. y Zuleta, W. J. (2022). La Política salarial en Bolivia. Boletín Síntesis 08/2022. Fundación INESAD. La Paz, Bolivia.
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* Directora Ejecutiva e Investigadora Senior de INESAD, beatriz_muriel@hotmail.com, bmuriel@inesad.edu.bo
Los puntos de vista expresados en el blog son de responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la posición de sus instituciones o de INESAD
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