
Por: Osvaldo Nina Baltazar*
La reciente fusión del Ministerio de Planificación del Desarrollo con el Ministerio de Medio Ambiente y Agua abre una oportunidad histórica para reconfigurar la manera en que Bolivia diseña sus políticas públicas y orienta su trayectoria de desarrollo. Durante décadas, la planificación económica y la gestión ambiental avanzaron por carriles separados, con escasa articulación institucional y metodológica. Sin embargo, los compromisos asumidos por Bolivia en el marco del Acuerdo de París, así como las crecientes vulnerabilidades frente a fenómenos climáticos extremos, obligan a repensar la arquitectura del Plan de Desarrollo Económico y Social (PDES) como el instrumento rector que guíe la transición hacia un modelo productivo bajo en emisiones y resiliente al clima.
Un aporte estratégico del nuevo ministerio es la integración plena de la perspectiva climática en la visión del PDES. Esto implica reconocer que los objetivos de crecimiento económico no pueden desvincularse de las limitaciones ambientales ni de los riesgos crecientes asociados al cambio climático. La planificación del desarrollo debe asumir que la sostenibilidad climática no es un complemento, sino una condición estructural para garantizar estabilidad macroeconómica, seguridad alimentaria y continuidad de los sistemas productivos. Bajo esta lógica, el PDES puede evolucionar hacia un marco de política pública capaz de articular productividad, competitividad y transición verde.
Como se observa en la Figura, los países de América Latina presentan niveles heterogéneos de vulnerabilidad y preparación frente al cambio climático, lo que evidencia la necesidad de incorporar criterios de resiliencia territorial y sectorial en la planificación del desarrollo. En particular, Bolivia aparece entre los países con menor capacidad de adaptación en la región, combinando alta vulnerabilidad con bajos niveles de preparación. Esta posición refuerza la urgencia de que el ministerio asuma un rol protagónico en la operacionalización de la Contribución Nacional Determinada (NDC), traduciendo los compromisos internacionales en metas sectoriales vinculadas al transporte, la energía, los bosques, la agricultura y los residuos. Más aún, exige consolidar indicadores, mecanismos de seguimiento y estimaciones de financiamiento que permitan evaluar el avance climático dentro del Sistema de Planificación Integral del Estado. Desde esta perspectiva, el PDES se convierte en un instrumento integrador que coordina la acción intersectorial y territorial en mitigación y adaptación.

Otro ámbito prioritario es la incorporación del riesgo climático en la planificación de inversiones públicas. Bolivia enfrenta eventos cada vez más frecuentes y severos —inundaciones, sequías, heladas, incendios forestales— que generan impactos fiscales, económicos y sociales significativos. El ministerio fortalecido puede liderar la adopción de criterios de inversión que incluyan evaluaciones de riesgo climático, asegurando infraestructura más resiliente y alineando el gasto público con estándares internacionales de gestión financiera verde. Así, cada proyecto de inversión —desde carreteras hasta sistemas de agua— debería demostrar no solo viabilidad económica, sino también capacidad de operar bajo escenarios climáticos futuros.
Asimismo, el ministerio puede fortalecer la alineación del presupuesto público con los objetivos climáticos mediante la implementación de sistemas de clasificación del gasto, presupuestos verdes y evaluaciones sistemáticas del impacto climático. Estas herramientas no solo facilitarían el acceso a financiamiento internacional —como el Fondo Verde del Clima—, sino que también mejorarían la eficiencia del gasto público al priorizar intervenciones con beneficios ambientales y sociales de largo plazo. A ello se suma la necesidad de institucionalizar un presupuesto plurianual, esencial para garantizar continuidad, estabilidad financiera y acumulación progresiva de resultados ambientales. Dado que muchas acciones de adaptación y resiliencia requieren horizontes superiores a un ejercicio fiscal anual, la planificación multianual se convierte en un componente indispensable de una política climática eficaz.
Finalmente, el rol articulador del ministerio es decisivo. La transición hacia un desarrollo compatible con el Acuerdo de París exige coordinación entre sectores productivos, ambientales, financieros y territoriales. El PDES puede ser el espacio de convergencia que integre visiones, alinee incentivos y garantice que las políticas climáticas y de desarrollo se implementen de manera coherente a lo largo del ciclo de planificación.
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* Investigador Senior de INESAD, onina@inesad.edu.bo
Los puntos de vista expresados en el blog son de responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la posición de sus instituciones o de INESAD.
Desarrollo Sobre la Mesa Debatiendo abiertamente temas críticos sobre el desarrollo de Bolivia






Por: Osvaldo Nina*

La tasa de inversión privada se ha mantenido casi constante durante los últimos tres años, alrededor de siete puntos porcentuales en relación al PIB. Incluso, al analizar su evolución en términos de dólares estadounidenses corrientes, se evidencia que los montos se han estancado al compararlos con los observados en el período 2004-2008, cuando la inversión privada se triplica.