|
Desarrollo Sobre la Mesa https://inesad.edu.bo/dslm/2015/07/no-hay-plazo-que-no-llegue-ni-deuda-que-no-se-pague/ |
No hay plazo que no llegue ni deuda que no se pague Por Carlos Gustavo Machicado *Ha pasado el 30 de junio y Grecia no ha pagado la cuota de 1.600 millones de Euros al Fondo Monetario Internacional (FMI); por lo que entró en default (cesación de pagos) y está a pocos días de llevar adelante un referéndum para pedir al pueblo que decida si la deuda debe pagarse o no, y si se debe continuar con las políticas de ajuste fiscal que se estuvieron llevando adelante hasta hace poco. Si bien este episodio de crisis que está viviendo Grecia tiene características muy similares a las que vivió Argentina en 2001, pienso que también hay algunos elementos que nos permiten contrastar esta crisis con la que sufrió Bolivia hace 30 años. Bolivia en 1985, y más precisamente desde 1978, tuvo serios problemas de déficit fiscal que se habían forjado en los años de bonanza de principios y mediados de los años 70. En este tiempo, los gastos del sector público no financiero superaban considerablemente sus ingresos, especialmente por el hecho de que una gran proporción de éstos provenían de empresas públicas deficitarias. Grecia, desde mediados de los años 90 hasta el año pasado, tenía también una posición fiscal altamente deficitaria, con gastos del sector público no financiero que superaban ampliamente sus ingresos. Como es típico en episodios de déficit, la respuesta de los países es cubrir éste contrayendo deuda interna y/o externa. Es así que, tanto Bolivia en los años 70, como Grecia en 2010, contrajeron deudas con bancos privados en un principio. Luego, cuando esta deuda solo servía para repagar deuda pasada y no se corregía el problema crónico del déficit, los gobiernos comenzaron a endeudarse con organismos multilaterales. Típicamente, la deuda multilateral viene asociada con una serie de compromisos que los gobiernos deben cumplir. En este caso, el FMI y el Banco Central Europeo le prestaron dinero a Grecia en el año 2010, con el compromiso de que este país lleve adelante reformas que permitan cortar los gastos e incrementar los ingresos a través del crecimiento económico. Grecia logró reducir sus déficits de manera sustancial, pero las reformas que debían fomentar el crecimiento no ocurrieron y la economía se contrajo más aún. Aquí viene el punto que más me interesa resaltar. Actualmente el debate en Grecia y del referéndum que se va a llevar adelante es si se debe pagar o no la deuda. Durante los años 80, hubo el mismo debate cuando varias economías latinoamericanas estaban afrontando períodos de crisis. Hubo muchas voces a favor de la suspensión del pago de la deuda externa, ante las cuales muchos bancos acreedores implementaron políticas para alivianar el servicio de la deuda de grandes deudores como México, Argentina y Brasil. Sin embargo, no hubo ese tipo de políticas para pequeños deudores (en términos relativos) como Bolivia. Es así que Bolivia continuó sirviendo su deuda disciplinadamente. Claro está que, detrás de esta decisión, también había un factor político asociado. El Gobierno de aquel entonces carecía de apoyo interno, por lo que el pagar la deuda externa era visto como una forma de garantizarse algo de apoyo externo. Probablemente esta decisión haya permitido mantener la democracia que todavía era frágil en esos momentos, pero es probable que también se hubiera podido evitar la gran crisis de la hiperinflación, o que se hubiera tenido una crisis menor si es que esos recursos que Bolivia transfirió al extranjero se hubieran empleado para acumular capital y promover, de esta manera, su crecimiento. ¿Quién sabe? Hoy en día se discute que el momento de hacer default para Grecia era el año 2010 y no ahora. Si bien su deuda era alta hace 5 años, no lo era tanto en términos relativos; y, de una u otra manera, seguramente los organismos multilaterales y el Banco Central Europeo hubieran ayudado a este país de cualquier manera. El problema que surge ahora ante una declaración de default y de ganar el NO a las políticas del FMI en el referéndum, no es tanto lo que pueda pasar con Grecia per se, si no el efecto contagio que podría darse en otros países que también gozaron de planes de apoyo del FMI y del Banco Central Europeo, como por ejemplo Italia, Portugal, España e Irlanda. La crisis en estos países evidentemente no es tan fuerte como en Grecia, pero en todos ellos el desempleo todavía es alto, especialmente para los jóvenes. Por lo tanto, si se aplican ciertas concesiones a Grecia, o simplemente este país muestra que puede declararse en default, fácilmente los otros países podrían seguir el mismo camino. De hecho, los otros países podrían seguir también la misma línea política de gobiernos radicales y eso sí podría ocasionar costos muy altos para la zona Euro. Pero, como bien lo dice el viejo y conocido refrán, no hay plazo que no llegue, ni deuda que no se pague. Lo que significa que si Grecia se declara en default, eso no significa que la deuda no se vaya a pagar. Es más, como siempre ocurre en estos casos, lo más probable es que sea el pueblo quien acabe pagándola al tener que afrontar una crisis con características de Gran Depresión y con el riesgo de que el costo medido en términos políticos se transmita a otros países. * El Autor es Director Ejecutivo e Investigador Senior de INESAD, Ph.D. en Economía, cmachicado@inesad.edu.bo 1 Las opiniones expresadas en los artículos del Blog Desarrollo Sobre La Mesa pertenecen a los autores y no necesariamente reflejan la posición oficial de la Fundación INESAD. |
Links:
|