Construyendo un Camino Hacia el Desarrollo a Partir de Una Visión Productiva

B_Muriel

Contar con una visión productiva de país es el
prerrequisito fundamental para el desarrollo económico.
A su vez, el éxito depende de la participación y compromiso
de todos los actores de la sociedad.

 Históricamente, el crecimiento económico de Bolivia se ha basado en la explotación de materias primas; dejando al margen los procesos de industrialización y generación de valor agregado. Algunas medidas estatales, sin embargo, buscaron contrarrestar estas tendencias – como la sustitución de importaciones en los años setenta y las actuales políticas de promoción al sector empresarial (principalmente micro y pequeño) y exportador. Sin embargo, los varios esfuerzos por dinamizar las actividades productivas no tradicionales han sido dispersos e insuficientes y, adicionalmente, hasta la fecha nuestra Bolivia no ha contado con una estrategia de desarrollo industrial consistente, coherente e integral.

Cuando uno hace una retrospectiva sobre el desarrollo económico mundial, observa que prácticamente todos los países de ingresos altos se han dinamizado a través del desenvolvimiento de sus industrias, acompañado de mayores y mejores servicios a éstas (como los financieros) y a la población (como educación, salud, seguridad laboral, etc). El desarrollo económico entonces responde a una dinámica donde las actividades productivas juegan un papel central y donde los roles conjuntos y, al mismo tiempo, individuales del Estado y la sociedad son esenciales en el proceso.

Contar con una visión productiva significa entonces dar el primer paso hacia la búsqueda de nuestra propia dinámica y nuestro desarrollo económico. Ésta visión debe reflejar los problemas productivos más profundos del país y visualizar sus soluciones; representa el fin o ideal en el largo plazo – donde queremos llegar – y marca el sentido y dirección de todas las acciones públicas y privadas. Una visión productiva debe tener primacía a las ideologías políticas y modelos económicos, pues cualquiera de éstos es bienvenido si posibilita efectivamente acercarse al fin establecido. Así, los procesos de descentralización hacia el desarrollo regional, de intervención del Estado, de promoción de cadenas productivas, y tantos otros planteamientos discutidos en Bolivia, representarían el «cómo llegar a donde se quiere» y, en este marco, deben ser evaluados por su eficacia hacia la visión trazada.

Pero, ¿Dónde queremos llegar? Como se mencionó, la respuesta parte del conocimiento de los problemas productivos más profundos; aunque esta comprensión es compleja, la lectura de las diversas reflexiones individuales y colectivas apuntan a que los problemas pueden ser resumidos en dos aspectos interrelacionados e igualmente importantes: productividad laboral y emprendedurismo.

Por un lado, los bajos ingresos laborales y la pobreza en Bolivia reflejan concretamente el crítico desempeño de la productividad laboral, uno de los más bajos y menos dinámicos de América Latina. A su vez, la productividad responde a los problemas históricos que enfrenta el país: las escasas inversiones en capital físico y mejoras tecnológicas significativas; las deficiencias en la acumulación de capital humano con enfoque productivo; y, las carencias de infraestructura adecuada.

Por otro lado, nuestro Estado – basado en el paternalismo, en el clientelismo político, en la burocracia y en deficiencias en gestión, y nuestra sociedad –desconfiada, adversa al riesgo y poco ligada de responsabilidades individuales sobre el desarrollo y destino del país, han sellado la baja cultura emprendedora, limitando la transformación de ideas innovadoras en actividades económicas lucrativas. A esto se adicionan los conflictos sociales y políticos y la «inseguridad jurídica» de los últimos años que ha exacerbado el nivel de incertidumbre y desconfianza de los pequeños y grandes inversores.

Ciertamente en el país los mayores emprendores han sido los pobres; los vemos todos los días: las mujeres que reúnen algunos productos y los venden donde pueden, los chóferes que deciden ofrecer sus servicios a un mercado ya saturado, los migrantes que dejan a sus familias en busca de mejores oportunidades, etc. Sin embargo, aunque altamente meritorio, este emprendedurismo ha respondido a alternativas de subsistencia y no así a oportunidades económicas que permitan mejoras sustantivas en sus ingresos laborales.

Es así que, por los aspectos señalados, la concepción conjunta de baja productividad y emprendedurismo de los bolivianos parece resumir eficazmente los problemas productivos fundamentales del país y desde aquí es posible buscar soluciones y responder a «donde queremos llegar» planteando la visión de: «Ser un país de emprendedores, altamente productivos». Un país donde todos – pobres y ricos – tengamos iguales oportunidades para ser emprendedores, produciendo cada vez a mayores niveles de productividad laboral; y donde el Estado y la sociedad en su conjunto – pobres y ricos – garanticemos la creación de estas oportunidades así como la construcción de bases e incentivos a través de políticas y acciones individuales y colectivas, públicas y privadas.

Se trata entonces de que todos los bolivianos caminemos hacia nuestra visión productiva de país, participando y comprometiéndonos con este fin en todos nuestros quehaceres cotidianos. De esta manera podremos dinamizar al país y caminar efectivamente hacia nuestro desarrollo económico tan deseado. (1)


(*) Profesora, Maestrias para el Desarrollo (MpD), Universidad Católica Boliviana. The author happily receives comments at the following e-mail: bmuriel@mpd.ucb.edu.bo.

(1) Este artículo ha sido inspirado en el proyecto «Visión Productiva de Bolivia», realizado por Maestrías para el Desarrollo y Fundación para la Producción.


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