¿Comenzó la época de vacas flacas en Bolivia?

Por Beatriz Muriel, Ph.D. *

Un hecho sumamente interesante es que el conocimiento sobre los ciclos económicos data del antiguo testamento. En el libro de génesis se señala que el faraón soñó con siete vacas hermosas y muy gordas que pastaban en el prado; sin embargo, llegaron otras siete vacas feas y flacas que devoraron a aquellas hermosas y gordas. El faraón soñó también con siete espigas llenas y hermosas que eran engullidas por espigas menudas y abatidas por el viento. Estos sueños fueron interpretados por José, quién vaticinó que habría siete años de abundancia y siete de hambruna, por lo que recomendó almacenar grano en los años de bonanza.

En el caso de Bolivia, el periodo de bonanza empezó alrededor del año 2003-2004, cuando los precios de varias materias primas comenzaron a incrementar fuertemente como resultado de una mayor demanda mundial, principalmente de China.  En el rubro de gas y petróleo, por ejemplo, en el año 2013, el índice de precios llegó a un valor que representó 7 veces aquel observado en 2004; mientras que la producción medida en peso neto significó apenas 1,15 veces. A esto se añaden las mayores recaudaciones tributarias provenientes de los hidrocarburos, que fueron impulsadas por la Ley 3058 de 2005, y el aumento expresivo de las remesas que pasaron del 1,9% del PIB en 2004 al 6,3% en 2008; promoviendo el consumo del sector público y privado[1].

La gran lección del antiguo testamento, sin embargo, es que frente a periodos de bonanza se debe esperar periodos de recesión. En el caso de Bolivia, ésta parece estar llegando como una “crónica de una muerte anunciada”. Por un lado, la gigante China ya señaló, desde hace algunos años atrás, que su forma de desarrollo económico cambiaría; de uno basado en la atracción de inversiones, industrialización, promoción de exportaciones y, por lo tanto, demanda de materias primas, a otro que pondría atención a la provisión de servicios sociales (como educación y salud) y al consumo doméstico (bienes y servicios). En este sentido, no es de extrañar que los precios de las materias primas hayan caído.

Por otro lado, las devaluaciones en varios países desarrollados y en desarrollo -como China, la Zona del Euro, Brasil y Argentina, entre otros-, que parecen responder tanto a medidas de competitividad como a ajustes cambiarios para llegar a valores de equilibrio, ciertamente limitarán el desempeño de las exportaciones bolivianas. Aún más, las burbujas especulativas que han sobredimensionado los precios de muchos activos -como bienes inmuebles, acciones de las empresas, etc.- parecen estar llegando a su fin con el menor crecimiento económico en varios países que estuvieron en bonanza, lo cual se ha reflejado -entre otros- en la caída de las bolsas de valores.

Con todo, es posible que el periodo de menor crecimiento que se viene en la economía boliviana no sea tan recesivo, por lo menos no en un corto plazo. En primer lugar, la importante entrada de divisas derivada de las remesas no presenta ningún impacto negativo aparente para su reversión y, aún más, es posible que el crédito externo aumente, aumentando las divisas, dada la “propensión al riesgo” que tienen muchos bancos (como se vio en el caso de Grecia). En segundo lugar, la dinámica económica en el país está asociada, en alguna medida, a las actividades informales, las que generan producción e ingresos y son mucho menos afectadas por el contexto externo. Por último, el sistema financiero boliviano, al ser poco desarrollado, está ciertamente menos expuesto al contagio de los problemas financieros globales.

En todo caso, los acontecimientos que siguen a nivel mundial, los resultados de las varias inversiones y acciones públicas y privadas en términos de desarrollo, y las posibles previsiones que haya realizado el Estado al “almacenar grano en los años de bonanza”, serán los que finalmente determinen cual será la situación económica del país en los años que vienen.

* La autora es Investigadora Senior del INESAD, Ph.D. en economía, bmuriel@inesad.edu.bo

Las opiniones expresadas en los artículos del Blog Desarrollo Sobre La Mesa pertenecen a los autores y no necesariamente reflejan la posición oficial de la Fundación INESAD.

[1] Los cálculos utilizan información provista por el Instituto Nacional de Estadística y el Banco Central de Bolivia.

 

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