
Por: Javier Aliaga Lordemann*
En las últimas semanas se articuló una secuencia de hechos que, leída con criterio técnico, permite reconstruir una explicación coherente de los problemas reportados en el parque automotor ante la calidad de la gasolina que estamos comprando. Primero, el ajuste del precio doméstico hacia la referencia internacional tras el ajuste del subsidio; segundo, reportes crecientes de depósitos gomosos y fallas en inyectores; y tercero, análisis de laboratorio que muestran manganeso en concentraciones cercanas al límite normativo, y las declaraciones oficiales de modificar parámetros en las especificaciones técnicas. Estas observaciones, combinadas con información operativa sobre stocks y logística, conforman la escena técnica.
La explicación técnica se organiza en dos ejes. El primero es la naturaleza del producto: una gasolina obtenida por refinación completa (reformado catalítico, hidrotratamiento y depuración fina) entrega una base más estable y con menor reactividad química; en contraste, una gasolina obtenida por formulación por mezcla (los llamados blendstocks) nosotros la llamaremos gasolina “fast-track”, que alcanza octanaje mediante mezclas y aditivos pero puede presentar una mayor reactividad y una estabilidad real distinta a la de la gasolina plenamente refinada.
En la práctica, las refinerías producen principalmente blendstocks que luego se ensamblan en mezclas finales, pero la variabilidad de la calidad de estos blends es la cuestión. Puedes tener dos gasolinas A y B, ambas dentro de los parámetros técnicos solicitados por el país, pero de distinta calidad, y con distintos criterios de manejo, almacenamiento, capacidad de mezcla, etc.; y sobremodo distinto funcionamiento en coche y distinto funcionamiento en diferentes ciudades.
El hallazgo de manganeso es una pista decisiva y orientadora. Concentraciones cercanas al límite suelen asociarse al uso de aditivos organometálicos, por ejemplo, compuestos basados en MMT, que se aplican para elevar octanaje en bases menos tratadas. Esa firma química es coherente con la formulación por mezcla y por ello apunta a la naturaleza del insumo, más que a un problema exclusivamente de almacenamiento puntual. Las evaluaciones técnicas han estudiado y demostrado ampliamente el vínculo entre MMT y la presencia de Manganeso.
El segundo eje es la interacción con el etanol. El etanol, por su polaridad, altera la solubilidad y la estabilidad de la mezcla gasolina – etanol; en bases más olefínicas y reactivas (características habituales de algunas formulaciones fast-track) esa interacción favorece rutas de oxidación y la formación de polímeros o sedimentos -las “gomas”- que terminan obstruyendo filtros e inyectores, y concuerda con las quejas reportadas por los transportistas y algunos privados.
El factor económico completa la narrativa técnica. El fin del subsidio y la búsqueda de convergencia rápida con un precio de referencia internacional generan un marco en el que resulta -desde el punto de vista fiscal y operativo- preferible para el gobierno comprar blendstocks con menor precio de referencia (productos fast-track) en lugar de comprar directamente gasolina plenamente refinada a mayor costo; o blends con mejores especificaciones. Dicho en una sola frase: se niveló el precio, pero eso no garantiza que se haya nivelado la calidad; para verificarlo hace falta conocer con detalle extenso la dupla precio de referencia-especificaciones técnicas de compra. Información a la que no tenemos acceso.
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* Investigador Senior asociado de INESAD, jaliaga@inesad.edu.bo
Los puntos de vista expresados en el blog son de responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la posición de sus instituciones o de INESAD.
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