Reflexiones sobre el discurso económico del Papa Francisco

Por Beatriz Muriel, Ph.D. *

El discurso del Papa Francisco en Bolivia, a los movimientos populares, sin duda ha tenido connotaciones interesantes para los economistas. Por un lado, el planteamiento de que el Papa ha conocido “experiencias donde los trabajadores unidos en cooperativas y otras formas de organización comunitaria lograron crear trabajo” y de que “los gobiernos que asumen como propia la tarea de poner la economía al servicio de los pueblos deben promover el fortalecimiento, mejoramiento, coordinación y expansión de estas formas de economía popular y producción comunitaria” muestra la visión socialista -más utópica que marxista- sobre la forma de organización económica.

Los economistas teórico-empíricos han investigado, analizado y discutido por varias décadas justamente sobre qué tipo de organización económica podría ser la más adecuada ¿pero adecuada en qué? La respuesta ha sido aquella que genere el mayor bienestar para toda la sociedad. Ciertamente lo que se entiende por bienestar tampoco es algo trivial dado que es, ante todo, un concepto subjetivo y filosófico; como es el caso del “vivir bien” en Bolivia. Sin embargo, para avanzar en el análisis, los economistas han considerado que el bienestar se encuentra asociado a un nivel de “consumo”; lo que incluiría, entre otros, alimentos, vestimenta, vivienda, salud, educación, valoración del tiempo de descanso y diversión, valorización al medio ambiente, servicios básicos y seguridad.

En un mundo perfecto –es decir; suponiendo un acceso democrático a todos los factores de producción, completa información sobre precios y producción, competencia perfecta, ética y demás–. Una “economía verdaderamente comunitaria”, como señala el Papa, puede efectivamente llegar a un dado “nivel de vivir bien” deseable para todos. Sin embargo, este nivel puede ser igualmente alcanzable cuando la economía es manejada por el mercado (compradores y productores) o por un dictador benevolente ¡Esto es lo que demuestra la teoría económica!

El problema radica en que justamente el mundo no es perfecto. En un sistema de mercado, por ejemplo, algunos productores pueden ser favorecidos con un acceso privilegiado de capital y aprovecharlo en desmedro de la sociedad. En el otro extremo, queda difícil que un dictador sea en realidad benevolente y más bien se interesa en favorecer a un grupo de poder específico a costa del pueblo. Tampoco una economía comunitaria puede garantizar una verdadera inclusión social, pues está sujeta a los intereses de una unidad comunitaria.

Ciertamente hay un sinfín de imperfecciones que cuestionan la eficacia de los varios tipos de modelos económicos en términos de bienestar y, aún más, generan una serie de inequidades e injusticias en las sociedades. El reto entonces es, como bien lo dijo el Papa, que “una economía justa debe crear las condiciones para que cada persona pueda gozar de una infancia sin carencias, desarrollar sus talentos durante la juventud, trabajar con plenos derechos durante los años de actividad y acceder a una digna jubilación en la ancianidad. Es una economía donde el ser humano en armonía con la naturaleza, estructura todo el sistema de producción y distribución para que las capacidades y las necesidades de cada uno encuentren un cauce adecuado en el ser social”. Sin embargo, esto requiere un verdadero pacto socioeconómico que marque reglas, penalidades e incentivos para todos –más que una buena voluntad- de tal manera que puedan encontrarse “ajustes” para este mundo imperfecto.

¿Una economía así es posible? Probablemente es una utopía también, pero varios países -como Alemania y Suecia- han demostrado que puede avanzarse en ese camino.

* La autora es Investigadora Senior del INESAD, Ph.D. en economía, bmuriel@inesad.edu.bo

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