Hoy, 25 de Septiembre de 2015, líderes del mundo posiblemente repetirán el error que se cometió al conceptualizar Desarrollo Sostenible por el reporte Brundtland en 1987.
Este reporte titulado “Nuestro Futuro Común” definió por primera vez desarrollo sostenible como aquel “que satisface las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de generaciones futuras en satisfacer sus propias necesidades” e identifica como las causas principales de la degradación ambiental el crecimiento económico y el sobreconsumo.
Sin embargo, como solución a la crisis ambiental, se proponía que la economía mundial crezca entre 5 y 10%. El razonamiento detrás era que, si los países ricos tienen mayor demanda de productos, los países subdesarrollados producirían más, bajarían sus niveles de pobreza y la degradación ambiental. Es decir, contra toda lógica las causas fundamentales del problema se adoptaron como las soluciones. Korten lo explicó en 1989 de esta manera: “la élite gobernante del mundo reafirmó que la mejor manera de resolver nuestra crisis ambiental es que los ricos aumenten su consumo para acelerar el motor de crecimiento”(p. 161). En consecuencia, el reporte “Nuestro Futuro Común” alimentó el mito global de que la pobreza podría ser erradicada, el ambiente protegido, y el desarrollo impulsado a través de la expansión económica ilimitada y del libre comercio (Rees, 2002).
Hoy, 193 líderes están reunidos en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York para comprometerse a impulsar los 17 objetivos para el Desarrollo Sostenible a ser alcanzados en 15 años, hasta el 2030. Estos objetivos se constituyen en los sucesores de los Objetivos del Milenio y establecen una nueva agenda universal. El 12 de Agosto de este año las Naciones Unidas publicó el documento “Transformando Nuestro Mundo: Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible” donde explica los 17 objetivos y sus 169 indicadores para principalmente erradicar la pobreza extrema, combatir la desigualdad e injusticia y solucionar el cambio climático.
A lo largo del documento se menciona como premisa el compromiso de los firmantes a “crear las condiciones necesarias para un crecimiento económico sostenible, inclusivo y sostenido”. El objetivo 8, en particular, incita a tener un crecimiento del 7% anual especialmente en “países menos adelantados”. Aparentemente la nueva agenda universal sigue alimentando el mito global de que los problemas mundiales –ambientales, económicos, sociales- pueden ser solucionados mediante un crecimiento económico sin límites biofísicos.
¿Es esta forma de pensar la que va a transformar el mundo? ¿O será más bien la que mantendrá el mundo en una rueda que refuerza el pensamiento convencional, los patrones de consumo y desecho por los próximos 15 años?
Bibliografía:
Korten, D. 1989. Sustainable Development. World Policy Journal 9(1): 157-190.
Rees, W. 2002. Globalization and Sustainability: conflict or convergence?. Science technology and Society 22: 249.
World Commission on Environment and Development. 1989. Our Common Future. United Nations. New York.
* La autora es Investigadora del INESAD, Candidata a Doctorado en Política ambiental y manejo de recursos naturales de la Universidad Estatal de Nueva York en la Facultad de Ciencias Ambientales y Forestales (SUNY-ESF). Magíster en Ciencias y Magíster en Administración Pública de la Escuela Maxwell de Ciudadanía y Asuntos Públicos (Universidad de Syracuse, Nueva York). Licenciada en Biología de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz-Bolivia), sdelgranado@inesad.edu.bo
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