Opciones de política asumiendo el componente irracional

Osvaldo NinaLa búsqueda de soluciones innovadoras para superar los obstáculos críticos para el desarrollo sostenible requiere examinar los avances no sólo de la economía sino de otras ciencias o ampliar el alcance del análisis económico a otras dimensiones. Una de las ramas de la economía que está contribuyendo con esta tarea es la economía de comportamiento o «behavioral economics», que está realizando enormes avances para analizar la conducta de la personas 1.

La economía del comportamiento está revolucionando la económica, las finanzas y otras disciplinas al mostrar que los economistas clásicos estaban equivocados al considerar a los humanos como seres racionales que frente a situaciones importantes toman decisiones acertadas valorando concienzudamente pros y contras de cada opción. Esta rama de la economía, junto con la psicología, postula que los agentes no actúan en forma racional por la existencia de sesgos o ilusiones cognitivas en la toma de decisiones.

Una situación que puede ilustrarnos en qué consiste estos engaños o ilusiones de nuestro cerebro a la hora de tomar decisiones cotidianas es la siguiente 2: Tienes un determinado trabajo por hacer, y la fecha de entrega es dentro de una semana, justo el día después de la espectacular fiesta de cumpleaños que está preparando tu mejor amigo. Tu mente racional te dice que la decisión más inteligente es avanzar todo lo que puedas hoy que tienes la tarde libre. Te dispones a ello. Recibes un sms de otro amigo preguntándote si quieres ir a tomar un café y luego ver el partido de fútbol. Te atrae el plan, pero revisas tu agenda de los próximos días, y ves que muy probablemente si no trabajas hoy te tocará perderte la fiesta de cumpleaños, que en realidad te apetece muchísimo más. Lo valoras, y… te vas a tomar el café. ¿Por qué? Porque la satisfacción presente pesa más que la futura. Y porque pensamos racionalmente una cosa, pero luego hacemos emocionalmente otra.

¿Cómo modificar la conducta de las personas que resulta costosas para el resto y para sí misma? Según Richard Thaler y Cass Sunstein 3, los gurús de la economía del comportamiento, se podría lograr mediante un ligero empujoncito o «nudge» de tal manera de no afectar la libertad de elección. Un ejemplo icónico de este fenómeno es el siguiente: A propuesta de un joven economista que trabaja en el aeropuerto de Schiphol, en Amsterdam, se colocaron stickers de «moscas» en los mingitorios de los baños de hombres: una atracción irrefrenable e instintiva de «dar en el blanco» de los viajantes varones hizo que los derrames de orina en el piso disminuyeran hasta un 80%.

Con relación a políticas públicas contra la pobreza, según el economista de la Universidad de Harvard Sendhil Mullainathan, los grandes planes técnicos y financieros de ayuda al desarrollo tienen mucho sentido a nivel macroeconómico, pero a veces fallan cuando se aplican a escala microeconómica por no tener suficientemente en cuenta los estudios en psicología diciéndonos que los humanos pocas veces decidimos siguiendo criterios estrictamente racionales 4. En ese sentido, William Easterly propone que se no debería imponer planes ni tratar al pobre como si fuera un ingenuo que no sabe qué necesita: salir de la pobreza está en sus manos, y deberíamos apoyarles a que sean ellos mismos quienes se ayuden.

Entonces, debemos preguntarnos ¿Podría la economía del comportamiento revolucionar algunas áreas de la lucha contra la pobreza? Sí, cuando las políticas orientadas a la pobreza no deberían ser impulsadas por supuestos normativos sino por hechos empíricos. Las investigaciones del comportamiento han demostrado que los comportamientos altamente consecuentes con frecuencia son provocados por lo que se consideran causas de menor importancia: distinciones sutiles que desde una perspectiva normativa puede parecer irrelevante puede tener grandes implicaciones para el éxito final de una política.


(*) Director Ejecutivo, INESAD. El autor felizmente recibe comentarios a:onina@inesad.edu.bo.
(1) Diamond, P. y Vartiainen, H. 2007.Behavioral Economics and Its Applications(Princeton University Press).
(2) Ejemplo extraído del blog Apuntes Científicos desde el MIT del periódico El País.
(3) Thaler, R. y Susntein, C. 2008.Nudge: Improving Decisions about Health, Wealth, and Happiness(Yale University Press).
(4) Bertrand, M., Mullainathan, S., Shafir, E. 2005. A Behavioral Economics View of Poverty. Departments of Economics, Harvard University.

 

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