Celebrando la Constitución de Uruguay el 18 de junio

Por Cecilia Juambeltz

Hoy, Uruguay celebra el aniversario número 183 de su primera Constitución. Éste es un día especial para uruguayos como yo, ya que es un momento para mirar hacia atrás, reflexionar sobre nuestra historia y pensar sobre lo mucho que hemos avanzado. Una reciente visita a Egipto, un país tan distinto al mío, me dio una nueva perspectiva de lo valioso que es para nuestro país el respetar los derechos humanos fundamentales y cuan importante es la estabilidad para un sistema democrático. En Uruguay, esta estabilidad es el resultado de años de arduo trabajo y de pensamiento progresista de parte de muchos hombres y mujeres quienes creen en el imperio de la ley y en el Estado de derecho como principio guía. Por casi 200 años, aunque no sin su cuota de problemas, este país Sud Americano ha confiado y dependido en un fuerte y respetable código legal para sustentar su economía y su continua postura hacia el desarrollo social. Así es que el 18 de julio es también un día para estar agradecidos.

La primera Constitución de Uruguay

La Constitución de 1830 marcó la culminación del proceso de emancipación que comenzó 20 años antes y así mismo marcó el inicio de una vida independiente del territorio que hoy es conocido como Uruguay. Nuestra primera Constitución, la cual tuvo una gran influencia francesa y norteamericana, estableció ideas liberales, y afirmó derechos personales, así como también la distribución de poderes del Estado. Fue un símbolo del orden y la confirmación de un modo civilizado de vida, estando por sobre los caudillos militares y partidos políticos. Sin embargo también tuvo, a la luz de nuestra visión contemporánea, algunos aspectos negativos.

En primer lugar, promovió la inestabilidad política, dado que no hizo ninguna referencia específica a los derechos de asamblea y asociación, los que son esenciales para el surgimiento de partidos políticos. No previó el que diferentes partidos políticos pudiesen compartir el poder dentro del Estado, forzando de este modo a las minorías a recurrir a la revolución, lo que provocó que el país se encontrase prácticamente en un constante estado de rebelión. También distorsionó el rol de la Asamblea General en las elecciones presidenciales, dado que los parlamentarios eras más bien electores que representantes del pueblo. Además de esto, no todos podían votar: aquellos carentes de ciudadanía, analfabetos, mujeres, esclavos, jornaleros, soldados rasos, deudores del Estado, borrachos, criminales procesados, y sirvientes domésticos fueron privados del derecho a voto. Y finalmente, el sistema electoral no permitía la secrecía del voto, y por tanto sospechas de fraude eran frecuentes. Estas, entre otras razones, desencadenaron la guerra civil que duró desde 1838 hasta 1851. La guerra dejó al país social, económica y políticamente debilitado. Sin embrago, la Constitución de 1830, permaneció vigente hasta 1918.

El siglo XX trajo consigo estabilidad y cambios

La evidencia de Uruguay como un país progresista puede ser encontrada a lo largo de su historia. Por ejemplo, en el decreto-ley de educación común promulgado en 1877. A través de éste Uruguay se convirtió en el segundo país en el mundo –siguiendo los principios del sociólogo, periodista y político uruguayo José Pedro Varela- en establecer un sistema gratis, obligatorio y secular de educación, el cual está vigente hasta el día de hoy.

Sin embargo, no fue hasta finales del siglo diecinueve que el país obtuvo paz duradera, completó su organización, e hizo las mayores y más importantes reformas. Durante la presidencia de José Battle y Ordóñez – la era Batllista se extendió intermitentemente entre 1899 y 1915- Uruguay pasó por un rápido proceso de modernización en casi todas sus estructuras políticas y sociales, así como también luchó en contra del imperialismo extranjero. Este nuevo movimiento Batllista aseguró muchos avances sociales.

Por ejemplo, Battle y Ordóñez promovió vigorosamente la tolerancia religiosa y la separación entre la Iglesia y el Estado, un legado que perdura hasta el día de hoy. La Constitución de 1830 estableció el Catolicismo como la religión oficial de Uruguay. Si bien la mayoría de la población era católica, ateos y creyentes de otros credos abundaban. Para José Battle y Ordóñez, el Estado, como el representante de todos los ciudadanos, no debiese tener una religión oficial, por tanto eliminó los crucifijos de hospitales públicos, así como también la educación religiosa en los colegios públicos. El secularismo es protegido por el artículo 5 de la actual Constitución. La principal religión es la católica romana, pero muchas sectas coexisten pacíficamente: judíos, pentecostales, evangélicos, adventistas, baptistas, mormones, testigos de Jehova, musulmanes, y protestantes.

Battle también promovió otros derechos. En 1917, por ejemplo, Uruguay fue uno de los primeros países en establecer el derecho legal al divorcio. Y fue el primer país Sud Americano en aprobar el derecho a voto femenino: la primera mujer en Uruguay sufragó en 1927, en el plebiscito de Cerro Chato, ciudad ubicada en el centro de Uruguay.

Bajo el liderazgo de Battle y Ordóñez, Uruguay consolidó su democracia y alcanzó niveles de desarrollo económico y social sin precedentes, llegando a ser conocido internacionalmente como la “Suiza de América”. La Constitución de 1830 permaneció en rigor hasta 1918, pocos años después que Battle y Ordóñez dejase la presidencia. La nueva Constitución de 1918 incorporó temas que durante su presidencia fueron arduamente debatidos.

Una fuerte democracia

Estas transformaciones tuvieron tal fuerza que han sido capaces de sobrevivir uno de los períodos más críticos de la historia de nuestro país: el golpe de Estado que estableció una dictadura desde 1973 hasta 1984. En 1980, la milicia intentó realizar un plebiscito para reformar la Constitución y legitimar su poder, pero la mayoría de la población rechazó tal reforma. La Constitución, si bien fue manipulada durante este período, se mantuvo sin cambios.una fuertey ha disfrutado de un sistema democrisfrutado de una fuerte y estable democracialgada en 1877 que otorga a todos los c

Desde el retorno a la democracia, Uruguay ha disfrutado de un sistema democrático fuerte y estable, y un sólido Estado de derecho lo que ha significado avances en materias de desarrollo y derechos humanos. Hoy, la nación tiene un sólido sistema democrático, con la participación de diferentes partidos políticos y el voto es obligatorio para toda persona que sea 18 años o mayor. Esto asegura una amplia participación de la población y da mayor legitimidad al presidente electo.

Muchos países latinoamericanos han cambiado sus constituciones recientemente, para así adecuarse de mejor manera a los ideales modernos. En la última década Bolivia cambió al secularismo, Venezuela acentuó los poderes de la ciudadanía, y Ecuador estableció los derechos constitucionales de la naturaleza. Así mismo, Uruguay también ha sido un pionero constitucional en ciertas esferas. Su actual Constitución fue aprobada en 1967, y ha sido enmendada cuatro veces desde entonces, en 1989, 1994, 1997, y 2004, con la última enmienda reconociendo –por mayoría pública- el “acceso al agua potable y el acceso a instalaciones sanitarias” como derechos humanos.

Manteniendo el legado de Battle y Ordóñez, Uruguay continua luchando por derechos civiles. Tras una larga deliberación, en 2013 Uruguay siguiendo a Argentina, se convirtió en el segundo país latinoamericano en aprobar el matrimonio igualitario. Según el artículo ocho de la Constitución:

“Todas las personas son iguales ante la ley, no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las virtudes”.

Con esta nueva ley, personas de diferentes orientaciones sexuales pueden casarse y formar familia, algo que previamente sólo podía ser hecho por parejas heterosexuales. Para muchos uruguayos la aprobación de esta ley nos acerca a una sociedad más igualitaria y refleja un estado de tolerancia y pensamiento progresista como nunca antes.

El futuro se ve positivo para Uruguay. Junto con ser una ocasión alegre, las celebraciones del 18 de julio también nos permiten una pausa para reflexionar. Podemos esperar que el país continúe siendo un líder en materia de derechos humanos, civiles y políticos, y que siga una sólida y estable democracia, para que continúe su camino hacia el pleno desarrollo.

Cecilia Juambeltz tiene un Master en Estudios Internacionales de la Universidad de Barcelona y escribió su tesis sobre Cooperación en Desarrollo en Países de Ingresos Medios: El caso de Uruguay

 

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