Los economistas están buscando continuamente entender mejor el fenómeno del crecimiento económico y por qué algunos países crecen más y otros menos. Al respecto, una de las teorías más comunes es la de convergencia, derivada del modelo de Solow (1956) y Swan (1956). La idea por detrás de esta teoría es que el motor de la dinámica productiva es la acumulación del capital físico (maquinarias, equipos, herramientas, instalaciones, etc.); que tienen un mayor impacto en sus primeros niveles de acumulación. La producción de una tejedora, por ejemplo, aumentará rápidamente si cambia sus palillos por una máquina de tejer; y menos rápidamente si cambia su máquina de tejer por una nueva versión de ésta.
La teoría podría explicar el alto crecimiento de China frente al bajo crecimiento de Europa en las últimas décadas. Sin embargo, muchos países africanos y latinoamericanos también deberían haber crecido a tasas excepcionales pero no lo hicieron.
Un enfoque alternativo es el del “brinco de la rana” (leapfrogging). Esta teoría, basada en las ideas de Schumpeter (1934), Arrow (1962) y otros, supone que los países ricos, que ya cuentan con un dado nivel de capital físico, tienen menos incentivos a cambiar sus estructuras de capital y, por lo tanto, a innovar; mientras que otros países que recién están acumulando capital, aquellos pobres o en desarrollo, pueden hacerlo más fácilmente con nuevas tecnologías e innovaciones. De esta manera, las economías en desarrollo que se insertan en la dinámica de la acumulación de capital e innovación crecen, y brincan como las ranas, pasando a aquellas que no lo hicieron -ricas y pobres-.
Al respecto puede utilizarse la analogía de una empresa líder de los años setenta que producía textiles con maquinarias y equipamientos de punta en la época, y una forma de organización empresarial asociada a esta tecnología. Con el tiempo, las nuevas innovaciones han generado máquinas y equipamientos mucho más modernos y productivos, y posiblemente con organizaciones más dinámicas, dando paso a nuevas empresas líderes. Una de las razones para que la primera empresa no haya adoptado estas nuevas tecnologías se relaciona a los costos asociados a los cambios de estructuras: no es tan sencillo vender máquinas y equipamientos obsoletos para comprar unos nuevos, cambiar las instalaciones, o realizar una reingeniería administrativa; mientras que las nuevas empresas no tienen estos problemas y particularmente solo deben estar dispuestos a asumir riesgos.
Esta teoría podría también explicar el alto crecimiento de China frente al bajo crecimiento de Europa y, aún más, por qué China se está volviendo en la primera economía mundial “brincando como una rana sobre los países desarrollados”. Sin duda, la dinámica productiva de China se ha asociado al crecimiento industrial con una fuerte entrada de inversiones e inversionistas dispuestos a asumir riesgos, favorecidos con las innovaciones tecnológicas tangibles e intangibles de las últimas décadas –y ciertamente aprovechando las ventajas iniciales de espacio y mano de obra–; mientras que en Europa esta dinámica ha sido mucho menos evidente.
* La autora es Investigadora Senior del INESAD, Ph.D. en economía, bmuriel@inesad.edu.bo
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