Como es ya conocido, la economía boliviana ha presentado un aumento sustantivo en sus recursos monetarios desde, aproximadamente, 2003; debido, entre otros, al aumento de los precios de varias materias primas exportables –gas natural, minerales y productos agrícolas–. Al mismo tiempo también se observa que los ingresos laborales fueron mejorando de manera importante. Por ejemplo, durante 2003-2011 su tasa de crecimiento anual fue de, aproximadamente, 3% en valores reales (tomando en cuenta la pérdida de poder de compra por la mayor inflación).
Bajo este contexto muchas personas se han preguntado si esta coyuntura económica de boom de precios estaría conduciendo efectivamente a mejores ingresos. Intuitivamente se levantaría una hipótesis afirmativa, al final los datos así lo sugieren. Con todo, la ciencia económica posee algunos instrumentos que permiten examinar de manera más analítica la respuesta, tal como los químicos o físicos lo hacen en los laboratorios.
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La respuesta de cualquier economista sería que SÍ; ya que el trabajo que ofrecen las personas puede ser analizado a partir de la teoría de mercados de bienes y servicios: Cuando el precio de éste aumenta (es decir, el salario se hace más alto); entonces los demandantes, usualmente las empresas, estarán dispuestos a contratar menos trabajadores. Esta reacción se da por que las firmas buscan racionalizar sus costos, lo cual implica sustituir insumos caros por otros más baratos. De la misma manera, las madres de familia compran diferentes insumos (alimentos) cada semana buscando los precios más bajos, sustituyendo los productos caros por otros más económicos.