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Cambio en la metodología de cálculo de las cuentas nacionales

Por: Luis Carlos Jemio Ph.D.*

En octubre 2025, el INE presentó la actualización de las cuentas nacionales del país, proyecto que contó con el apoyo técnico de la CEPAL, el FMI y otros cooperantes. La nueva serie de cuentas nacionales que publica el INE incluye cambios metodológicos importantes. En primer lugar, se ha reemplazado el sistema anterior de cálculo PIB de base fija, que había mantenido a 1990 como año base para el cálculo del PIB a precios constantes, por el sistema de base variable encadenada, que es el sistema más ampliamente utilizado en el mundo. Segundo, para el cálculo actualizado de las cuentas nacionales, el INE ha realizado un esfuerzo estadístico importante, lo que ha permitido obtener una mayor cobertura de la economía nacional, incluyendo actividades que anteriormente no eran consideradas en el cálculo.

Esta nueva serie de cuentas nacionales, ha traído como resultado un redimensionamiento del tamaño de la economía, y por lo tanto cambios en el valor de varias variables e indicadores macroeconómicos comúnmente utilizados, en relación a los valores de éstas calculadas con la serie del PIB con base fija 1990, como ser: el nivel del PIB, PIB per cápita, crecimiento del PIB, déficit fiscal, deuda pública, etc. A continuación, se analizan algunos de los efectos del cambio de la serie de cuentas nacionales sobre estas variables e indicadores.

PIB nominal y PIB per cápita

Como se dijo anteriormente, el cálculo de la nueva serie de cuentas nacionales ha representado un esfuerzo estadístico por parte del INE, que permitió incluir actividades anteriormente excluida del cálculo del PIB. Como resultado de esta mayor cobertura, el PIB nominal aumentó entre un 15% y 20% con relación a los valores de la serie anterior. De esta forma, el PIB nominal en 2024 llegó a US$ 54.487 millones (utilizando el tipo de cambio oficial para este cálculo), superior en 17.7% al valor calculado usando la metodología anterior de base fija.

PIB nominal

(millones US$)

                                         Fuente: elaborado con base en información del INE

 

Como resultado del cambio anotado en el valor nominal del PIB, se ha producido también una modificación del PIB per cápita de Bolivia. Utilizando la serie anterior, el PIB per cápita para 2024 alcanzaba a US$ 4.073 por habitante, mientras que con la nueva serie éste se sitúa en US$ 4.794 por habitante (17.7% mayor).

PIB per cápita 2024

(US$ por habitante)

Fuente: elaborado con base en información del INE

 

Crecimiento del PIB

Otro indicador que ha experimentado variaciones con el cambio metodológico en el cálculo de las cuentas nacionales, ha sido la tasa de crecimiento del PIB real.  Existen diferencias en la fórmula de cálculo de la tasa de crecimiento del PIB para ambas metodologías:

a) En el sistema de base fija, que en el caso de las cuentas nacionales de Bolivia era 1990, la fórmula utilizada es:

b) En el sistema de serie encadenada la fórmula utilizada es:

 

Donde:

gbft: tasa de crecimiento del PIB para el año t, en relación al año t-1, sistema de base fija

gset : tasa de crecimiento del PIB para el año t en relación al año t-1, sistema serie encadenada

P0 : precios del año base 0 (año 1990 para el caso de Bolivia)

Pt—1 : precios del año t-1

Qt : cantidades producidas en el periodo t

Qt—1  : cantidades producidas en el periodo t-1

Crecimiento del PIB real

(variación % anual)

 

Fuente: elaborado con base en información del INE

 

Hay algunos aspectos que llaman la atención al observar las dos series de crecimiento del PIB. En primer lugar, resalta el hecho que, la tasa de caída del PIB en 2020, como resultado de la pandemia del Covid 19, es significativamente mayor al ser calculada con la nueva metodología (-12.72%), en relación a la calculada con la metodología anterior (-8.7%). Contrariamente, la tasa de crecimiento del PIB en 2021, como resultado de la recuperación de la economía de los efectos de la pandemia, es también considerablemente más elevada al ser calculada con la nueva metodología (10.03%), en comparación a la calculada con la metodología de base fija (6.11%). Esto se debe al mayor peso que tienen en el PIB, las actividades que experimentaron las mayores caídas durante la pandemia (servicios y construcción).

Otro aspecto que llama la atención es que, con la nueva metodología, ya se había producido una caída del PIB en 2024 (-1.12%), lo que no era el caso al ser calculado el crecimiento con la metodología anterior (0.73%). Esto muestra que la economía ya se encontraba en recesión en 2024, al registrar durante dos trimestres consecutivos tasas negativas de crecimiento. Esto se debe también al mayor peso que tienen en el PIB las actividades extractivas en la actualidad, que fueron las que experimentaron las mayores caídas en 2024 y 2025.

 Déficit Fiscal y Deuda Pública

Finalmente, otros indicadores que también experimentaron cambios al ser calculados en función a la nueva serie del PIB son el déficit fiscal y la deuda pública. Al ser mayor el PIB nominal calculado con la nueva metodología, el déficit fiscal es menor como porcentaje del PIB. Como puede observarse en el siguiente gráfico, el déficit para 2024, que llegaba 10.2% al ser calculado usando el PIB nominal de la serie de base fija 1990, se reduce a 8.7% del PIB con el PIB de la nueva serie. Esto no significa por supuesto, que la situación fiscal del país sea menos crítica, sino que el análisis de este y otros temas de la economía, deberá ajustarse a estos nuevos valores para estos indicadores, ya que, en forma habitual, las metas y reglas fiscales son fijadas en valores expresados como porcentaje del PIB.

Déficit del SPNF

(porcentaje del PIB)

 

Fuente: elaborado con base en información del MEFP e INE

 

Otro indicador estrechamente vinculado al anterior es el coeficiente de endeudamiento, i.e. coeficiente deuda pública/PIB. Este es un indicador clave para evaluar la sostenibilidad de la deuda pública, ya que una tendencia ascendente de este indicador nos mostraría que la deuda se encuentra en una trayectoria no sostenible. Contrariamente, si este coeficiente se mantiene estable o tiende a caer, la deuda se encontraría en una situación de sostenibilidad. Este indicador es habitualmente incluido como meta, en las reglas fiscales y leyes de responsabilidad fiscal que adoptan los países para garantizar la sostenibilidad fiscal.

Como puede observarse en el siguiente gráfico, el coeficiente deuda/PIB había llegado en 2024 a un nivel igual a 82.0% del PIB, al utilizar el PIB de la serie anterior de base fija, mientras que, con la nueva serie, el coeficiente se reduce a 69.7% del PIB. Nuevamente, este cambio no significa que la sostenibilidad de la deuda pública en Bolivia haya experimentado una mejora, sino que esta problemática deberá ser analizada considerando estos nuevos valores para este indicador.

 

 Deuda Pública

(porcentaje del PIB)

Fuente: elaborado con base en información del MEFP, BCB e INE

 

En resumen, la nueva serie de cuentas nacionales publicada recientemente por el INE, constituye un avance metodológico importante, ya que coloca a Bolivia entre los países que utiliza este nuevo sistema que es la utilizada en la mayor parte de los países. Además, se ha realizado un esfuerzo para aumentar la cobertura de las cuentas, para incluir una mayor parte de las actividades económicas, lo que ha conducido a un redimensionamiento del tamaño de la economía y del PIB. Esto por supuesto, ha modificado el valor de algunas variables e indicadores comúnmente utilizados en el análisis y evaluación de la economía.

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* Investigador Senior de INESAD, ljemio@inesad.edu.bo

Este blog es parte del Proyecto ADÁMAS ECONÓMICO.

Los puntos de vista expresados en el blog son de responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la posición de sus instituciones o de INESAD.

 

Más allá del tipo de universidad: el reto estructural de la calidad

Por: Osvaldo Nina Baltazar*

En tiempos en que los rankings universitarios internacionales se han vuelto referentes globales para medir la calidad educativa, vale la pena detenerse a observar qué factores explican que una universidad destaque entre las mejores del mundo. La creencia extendida sugiere que las universidades privadas —sobre todo aquellas situadas en países desarrollados— lideran estas clasificaciones gracias a su flexibilidad de gestión, autonomía financiera y capacidad de captar recursos. Pero ¿es realmente el modelo institucional lo que determina la excelencia?

La evidencia empírica dice otra cosa. Un análisis del desempeño general y académico de universidades, reflejado en indicadores como la reputación académica y las citas por docente, muestra una correlación clara: la calidad del plantel docente y la inversión sostenida en investigación son los pilares fundamentales del posicionamiento global. Más interesante aún, el gráfico comparativo revela que numerosas universidades públicas se ubican en los tramos superiores de estos rankings. Es decir, cuando el financiamiento es estratégico, constante y bien gestionado, las universidades públicas no solo compiten, sino que lideran.

Ejemplos como la Universidad de Oxford, la Universidad de California – Berkeley, la Universidad de Buenos Aires, la Universidad de São Paulo, la Universidad de Chile o la UNAM lo confirman. No son excepciones fortuitas, sino el resultado de modelos públicos sólidos, con autonomía real, estructuras de gobernanza profesionalizadas y una orientación clara hacia la excelencia académica y la responsabilidad social. Estas instituciones no se limitan a administrar recursos, sino que saben para qué educan, investigan e innovan.

En Bolivia, esta discusión cobra especial relevancia frente al próximo proceso electoral. Los planes de gobierno presentados para las elecciones 2025 muestran que la mayoría de los partidos —con diferencias matizadas— apuestan por el fortalecimiento de la educación superior pública y privada sin fines de lucro. Algunos subrayan la gratuidad y el acceso universal, otros valoran la diversidad institucional mientras se mantenga una lógica de bien público. Esta coincidencia puede ser una oportunidad para salir de debates estériles sobre si la educación debe ser pública o privada, y centrarse más bien en cómo garantizar calidad, pertinencia y transparencia, sin importar el régimen de propiedad.

Además, debemos asumir que el problema no es solo de recursos, sino también de visión. Mientras no existan marcos institucionales que aseguren continuidad en las políticas universitarias, criterios meritocráticos en la selección docente y mecanismos de evaluación de resultados, seguiremos midiendo la calidad más por el esfuerzo individual que por la estrategia colectiva. Una universidad de calidad se construye con docentes comprometidos, estudiantes exigentes, gestores responsables y autoridades que entienden que la educación no es un gasto, sino una inversión de largo plazo.

Porque al final del día, lo que diferencia a una buena universidad no es si genera o no lucro, sino la calidad de sus docentes, la claridad de su misión institucional y la eficiencia de su gestión. Apostar por políticas públicas que fortalezcan esos pilares —autonomía real, financiamiento estratégico, rendición de cuentas y excelencia docente— es clave si queremos que nuestras universidades dejen de competir por sobrevivir y comiencen a competir por liderar.

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* Investigador Senior de INESAD, onina@inesad.edu.bo

Los puntos de vista expresados en el blog son de responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la posición de sus instituciones o de INESAD.

Financiamiento del Déficit de la Balanza de Pagos

Por: Luis Carlos Jemio Ph.D.*

A partir de la segunda mitad de 2022, el balance en cuenta corriente de la balanza de pagos ha experimentado un deterioro importante, pasando de mostrar superávits en los periodos previos, a registrar déficits, que en promedio han sido de US$ 350 millones en los últimos siete trimestres. En el cuarto trimestre de 2023 y primer trimestre de 2024, el déficit se situó respectivamente en US$ 747 millones y US$ 612 millones, siendo éstos los mayores déficits alcanzados en los últimos cinco años. Como puede observarse en el gráfico, el déficit se origina principalmente en el significativo deterioro del balance comercial de bienes, que en estos dos últimos trimestres analizados han mostrado, respectivamente, déficits de US$ 298 millones y US$ 305 millones.

Balance en Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos

                               Fuente: elaborado con  base en información del BCB

 

El deterioro en el balance comercial de bienes se explica por la caída en las exportaciones y un aumento en el balance negativo de la partida de ingreso primario, este último por el incremento en las tasas de interés internacionales, que aumentaron los pagos de intereses por concepto de la deuda externa pública y privada. Las exportaciones por otra parte, en el primer semestre de 2024, fueron un 40.4% menores a las registradas en el primer semestre de 2022. Esta significativa caída es explicada completamente por los menores volúmenes exportados, ya que los precios permanecieron estables.

Las importaciones por otra parte, también experimentaron una caída importante, aunque a una tasa significativamente menor (12.3% de caída en similar periodo). Esta caída, originada principalmente por la caída en los ingresos reales de la población y por la dificultad en el acceso a divisas por parte de los agentes económicos, contribuyó a aminorar el déficit generado por la reducción en las exportaciones.

Balance Comercial de Bienes

Fuente: elaborado con base en información del INE

 

Además del déficit en cuenta corriente, se ha registrado un balance negativo importante en la partida de errores y omisiones (E&O), que ha mostrado un déficit desde hace ya bastantes periodos, y se ha constituido en un drenaje importante de recursos externos para la economía. Esta partida se calcula como una variable de ajuste de los flujos externos, y se asume que refleja la existencia de aquellas transacciones no registradas, como las exportaciones e importaciones de contrabando, fuga de capitales, entre otras. Esta partida ha representado un balance negativo de alrededor de US$ 580 millones por trimestre en los últimos dos años.

 

Principales partidas de la Balanza de Pagos

                               Fuente: elaborado con base en información del BCB

Financiamiento del Déficit

El financiamiento necesario para cubrir el déficit en la cuenta corriente y el balance negativo de la partida de E&O, ha sido de US$ 882 millones en promedio, en los últimos 7 trimestres. Desde el punto de vista metodológico de la Balanza de Pagos, este financiamiento ha representado un aumento de los pasivos o de una caída en los activos netos de la economía, que ha ocurrido a través de diferentes partidas de la Cuenta Financiera de la balanza de pagos. El aumento en los pasivos externos, o la disminución de activos externos, representan una fuente de fondos para la economía, con cual se financia el déficit. En este sentido, como puede observarse en el siguiente gráfico, las dos principales partidas que han participado en el financiamiento del déficit, durante el periodo analizado, han sido los activos de reserva y otras inversiones.

 

Principales partidas de la Cuenta Financiera

(adquisición neta de pasivos en millones US$)

                               Fuente: elaborado con base en información del BCB

 

Los activos de reserva, que constituyen principalmente el uso de las reservas internacionales del Banco Central, utilizados para financiar el déficit externo, han sido en promedio de US$ 498 millones, por trimestre, durante el periodo analizado. Como puede observarse en el siguiente gráfico, entre el tercer trimestre de 2022 y el primer trimestre de 2023, se recurrió a las reservas en divisas y a los DEGs. Durante este periodo, se perdieron en promedio trimestral US$ 365 millones en activos en divisas. El primer trimestre de 2023 se utilizaron US$ 478 millones de los DEGs que se tenía en las reservas. A partir del segundo trimestre de 2023, y una vez que las reservas en divisas y DEGs se agotaron, se recurrió a las reservas en oro. El uso de reservas de oro monetario para financiar el déficit, entre el segundo trimestre d 2023 y primer trimestre de 2024, fue en promedio de US$ 365 millones. En el tercer trimestre de 2023, éste alcanzó a US$ 697 millones.

 

Activos de Reserva

(pérdida neta de activos en millones US$)

                               Fuente: elaborado con base en información del BCB

 

La otra partida importante utilizada para financiar el déficit externo, fue la de Otras Inversiones, que comprende diversas partidas como préstamos, moneda y depósitos y cuentas por pagar o por cobrar. Durante el periodo analizado, el flujo de préstamos ha sido variable, pero en promedio se han situado en US$ 119 millones por trimestre. En el tercer trimestre de 2022 se obtuvieron US$ 518 millones en préstamos netos, y el primer trimestre de 2024, hubo un flujo negativo de préstamos, debido a que en ese periodo se produjo la amortización importante de un préstamo por US$ 196 millones. Sin embargo, lo que más llama la atención, es el comportamiento de la partida cuentas por pagar/cobrar. Estas se han vuelto muy importantes en los últimos cuatro trimestres, evidenciando que la capacidad de la economía para pagar sus facturas se ha deteriorado por la caída en los ingresos externos. El cuarto trimestre de 2023, las cuentas por pagar aumentaron en US$ 328 millones y en US$ 645 millones el primer trimestre de 2024. Probablemente, estas cuentas por pagar correspondan a las facturas debidas por las importaciones de carburantes.

 

Otras Inversiones

(adquisición neta de pasivos en millones US$)

                               Fuente: elaborado con base en información del BCB

 

En síntesis, la economía boliviana presenta en los últimos años un creciente déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, el cual ha sido financiado por los préstamos obtenidos y por las reservas internacionales. En los últimos trimestres, sin embargo, una fuente importante de financiamiento del déficit, ha sido la acumulación de cuentas por pagar, lo que pone en evidencia, las dificultades que enfrenta la economía para realizar sus pagos al exterior.

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*Investigador Senior de INESAD, lcjemio@inesad.edu.bo

Los puntos de vista expresados en el blog son de responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la posición de sus instituciones o de INESAD. 

Mujeres rurales en el sector de la quinua: cambios, logros y desafíos

Por: Daniela Romero*

La agricultura es la fuente de empleo más importante para hombres y mujeres en las regiones más pobres del mundo, más aún cuando se trata de una agricultura a pequeña escala (FIDA 2011: 9, 16). El papel de las mujeres en ésta es de vital importancia, puesto que son las principales responsables de la seguridad alimentaria, la administración y distribución de los ingresos, la transformación de los medios de subsistencia, además del cuidado del hogar (Barrientos 2007: 5; Agarwal, 1996). Sin embargo, la escasa infraestructura y servicios rurales, así como la asignación cultural patrilineal de funciones dentro del hogar y la producción, han limitado por años su participación en el mercado laboral y en la vida política de sus comunidades en lo que respecta al desarrollo agropecuario (Lastarria – Cornhill, 2008; Jelin, 2014). Leer Más »

La pandemia del Covid-19 y sus efectos sobre la actividad de la economía

Por: Luis Carlos Jemio Ph.D.*

La pandemia del Covid -19 ha tenido un gran impacto sobre el desempeño de la economía boliviana, como en casi todas las economías de la región y del mundo. Estos efectos se dieron principalmente el año 2020, debido al cierre de la economía mundial, que se transmitió a la economía local a través de menores precios y volúmenes de exportación. Paralelamente, las medidas de cuarentena aplicadas para contener el avance de la pandemia, contrajeron aún más la actividad económica, especialmente en los meses de abril y mayo, lo que acentuó la caída de la actividad económica, el empleo y los ingresos. De acuerdo a la información publicada por el INE sobre el Indice Global de Actividad Económica (IGAE), no se disponen de datos de cuentas nacionales completas, en 2020 la actividad económica habría caído en 8.8%.

A partir de junio 2020, una vez que se flexibilizaron las medidas de cuarentena, la actividad económica tendió a normalizarse. En 2021, de acuerdo a información del IGAE a abril, la actividad económica habría crecido en 5.2%. Esta tasa será incluso mayor, cuando se incluyan datos sobre la actividad económica para mayo y junio. El crecimiento podría ser de hasta 7% para 2021.

No todos los sectores de actividad han sido igualmente afectados por la pandemia, ya que existen algunos sectores que, por su naturaleza, tienden a seguir en mayor o menor medida el ciclo de la economía. Es decir, tienden a ser más pro-cíclicos, cuando son más afectados por los shocks, o contra-cíclicos, cuando son más resilientes a los efectos del ciclo económico.

La siguiente tabla muestra los diferentes sectores, agrupados de acuerdo a la magnitud del impacto de la pandemia sobre su nivel de actividad. Están los sectores con relativamente bajo impacto, es decir con tasas positivas de crecimiento en 2020 o con caídas menores a 5%; los sectores de impacto medio, con caídas mayores a 5%, pero menores a 10%; y los sectores con alto impacto, con caídas mayores a 10%. La tabla también muestra la tasa de crecimiento de los sectores en 2021 (hasta abril). En general se observa que los sectores que mostraron mayores caídas en 2020, muestran también tasa de crecimiento más altas en 2021, y aquellos que mostraron tasas más bajas de caída en 2020, muestran también tasas más bajas de crecimiento en 2021.

Tabla No. 1: Sectores de Actividad Económica según impacto de la Pandemia Covid-19

Fuente: IGAE-Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Entre las actividades con bajo impacto, está el sector agropecuario, que, por su naturaleza eminentemente rural, no fue afectada por la pandemia. Además, el ciclo agrícola no requiere de la intervención directa intensiva de la actividad humana, durante el periodo que se da entre siembra y cosecha de los cultivos. De acuerdo al IGAE, el sector agropecuario creció en 3.1% en 2020 y, hasta abril, en 1.9% en 2021.

La manufactura de alimentos, bebidas y tabaco también muestra una tasa relativamente baja de caída en 2020 (-3.4%), y un crecimiento de 1.8% para 2021. La incertidumbre generada por los efectos de la pandemia sobre el empleo y los ingresos, hizo que las familias priorizaran el consumo básico, como es el caso de los alimentos, y posterguen el consumo de bienes durables. Esto mantuvo la demanda de alimentos estable durante la pandemia.

Las actividades de servicios de electricidad, gas y agua, comunicaciones, servicios financieros, y propiedad de la vivienda también cumplieron un rol importante durante los meses de la pandemia. Al permanecer las personas recluidas en sus hogares, mantuvieron la demanda de estos servicios estable, o en algunos casos, como las comunicaciones, las incrementaron.

Entre los sectores que tuvieron un alto impacto sobre sus niveles de actividad está la minería, que cayó en 28.5% en 2020. La caída en la demanda mundial por minerales afectó el desempeño del sector. También, las actividades de algunas empresas mineras tuvieron que cerrarse completamente, debido a la alta tasa de contagio de covid que se registró entre sus trabajadores. Para 2021 (abril), se registra un crecimiento de 37% en la actividad de este sector.

La actividad del sector de otras manufacturas mostró una caída de 13.9% en 2020. Como se dijo anteriormente, los hogares priorizaron el consumo básico, y postpusieron la demanda por otro tipo de bienes manufacturados durables, como es el caso de los textiles y prendas de vestir. Para 2021, hasta abril, se observa un crecimiento de 15.9% para este sector.

La construcción fue otro de los sectores altamente afectados por la pandemia, mostrando una caída de 13.9% en 2020. La construcción es sin duda, el más pro-cíclico de los sectores de la economía, ya que se mueve en forma altamente correlacionada con el ciclo económico. La paralización de las actividades de este sector durante los meses más críticos de la pandemia, explican este comportamiento. Además, la paralización de la inversión pública durante este año, también afectó la actividad del sector. A abril de 2021 se observa una tasa de crecimiento de 17.5%.

La actividad del sector de transporte y almacenamiento cayó en 25.5% en 2020, debido a la paralización de todas las formas de transporte durante la pandemia, es decir, transporte terrestre y aéreo, de carga y pasajeros. Para 2021, se observa una recuperación de 7.6% en el nivel de actividad del sector.

Entre los sectores con impacto intermedio, se observa que la producción de hidrocarburos cayó en 6.5%, debido a menores exportaciones de gas natural, y también al menor consumo interno por la caída generalizada de la actividad económica. Hasta abril 2021, la producción del sector creció en 12.2%, debido principalmente al crecimiento de las exportaciones de gas natural.

En resumen, la pandemia del covid-19 ha tenido un impacto variable entre los sectores de actividad de la economía boliviana. Algunos sectores han mostrado un comportamiento más pro-cíclico que otros, que han sido más resilientes a la pandemia. En 2021, se observa una recuperación de la actividad económica, aunque insuficiente para recuperar los niveles de actividad existentes antes de la pandemia.

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*Investigador Asociado de INESAD, lcjemio@inesad.edu.bo

Los puntos de vista expresados en el blog son de responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la posición de sus instituciones o de INESAD. 

Salud versus Economía: ¿Existe un “trade-off”?

Por: Carlos Gustavo Machicado, Ph.D

La pandemia del Covid-19, que llegó al mundo occidental entre febrero y marzo del año pasado, propició un aumento inusitado en la cantidad de trabajos de investigación que se han hecho en economía con respecto a este tema específico. Basta ver la página web de la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas[1] (NBER por sus siglas en inglés) para identificar como hay investigaciones acerca del Covid-19 y su impacto en hogares, empresas y mercados laborales, historia de las pandemias, modelos para simular la evolución de la pandemia, medidas de mitigación de contagios, y demás temas relacionados. Algo que tenían en común las primeras investigaciones que aparecieron era que manifestaban la existencia de un “trade-off” o compensación entre salvar la economía y proteger la salud, en el entendido que era uno por otro, es decir protegías la salud pero inevitablemente sacrificabas la economía o viceversa.

Actualmente a casi un año de convivir con la pandemia, queda claro que ese “trade-off” no existe pues no se puede cuestionar la necesidad de implementar políticas de mitigación que ayuden a evitar un contagio masivo, sin embargo la pregunta es cuales son las políticas ideales que, además de resguardar la salud, puedan minimizar los efectos económicos y sobre todo para los grupos más vulnerables. Además, muchas de las medidas que implementaron muchos países no estuvieron orientadas por especialistas como ser virólogos, infectólogos  o médicos y se diseñaron al calor de la política. Por eso hoy en día existe un consenso acerca de la importancia que tiene la salud y la vida de las personas, y cómo el aumento de los contagios y las muertes han afectado a la economía, lo que significa que no se puede hablar de una recuperación económica si es que antes no se resuelve el problema sanitario.

William Viscussi[2] es un economista que durante muchos años ha estudiado el valor que tiene la vida en términos económicos y sus estimaciones acerca del valor estadístico de la vida son tomadas como referentes de cuánto vale una vida humana en una economía. Precisamente Viscussi (2020) emplea estimaciones del valor de la vida en cada país para estimar el costo de las muertes que ocurrieron por concepto del Covid-19. La Figura 1 muestra el valor de la vida para los países latinoamericanos, incluido España, y se puede ver que el valor de una vida en Bolivia está entre los más bajos de America Latina, alcanzando un valor de $us 1,3 millones y superando solamente a Nicaragua, Honduras y Haiti. Este panorama no cambia a nivel mundial, estando Bolivia por encima de muchos países africanos, pero por debajo de nuestros vecinos, lo que demuestra la baja valoración que existe a la vida y al capital humano.

Figura 1: Valor Estadístico de la Vida

Fuente: Viscusi (2020).

Actualmente en Bolivia, no se están aplicando medidas de mitigación de contagios rígidas basadas en cuarentenas; sin embargo, el aumento acelerado de casos positivos y muertes por Covid-19 han afectado negativamente a la economía. Para demostrar esto, la siguiente figura extraída de la Academia Luohan muestra la evolución de la actividad económica diaria en Bolivia basada en datos de movilidad, desde que comenzó la pandemia y claramente se observa que cuando se aplica la cuarentena rígida en marzo de 2020, la actividad económica cae a menos del 70% y cuando llega a recuperarse al 100% el 24 de diciembre, otra vez vuelve a caer a menos del 90%.

Figura 2: Evolución diaria de la actividad económica en Bolivia

Fuente: Global Pandemic Economic Tracker (www.luohanacademy.com). Datos al 12 de enero de 2021.

Ciertamente esta última caída coincide con el rebrote de la pandemia o segunda ola en Bolivia, aunque también coincide con los feriados de fin de año, y mientras no se demuestre la causalidad, esta es una simple correlación, pero si se observa la Figura 3, que muestra los datos de movilidad local de Google, queda claro que hay una caída en la movilidad en todas las actividades entre el 24 de diciembre y el 9 de enero, luego hay un aumento transitorio de la movilidad el 10 de enero, pero luego vuelve a caer los siguientes días, evidenciando así una disminución en diferentes actividades, entre las que figuran actividades económicas, que coincide con un aumento acelerado de casos en los últimos días.[3]

Figura 3: Tiempo destinado en… (media móvil -7 días)

Fuente: Informes de movilidad local sobre el Covid-19 Google. Datos al 15 de enero de 2021.

Este breve análisis nos ha permitido identificar lo siguiente:

  1. El bajo valor de la vida y del capital humano en nuestro país explica la poca importancia que se le ha dado a fortalecer el sistema de salud no solo ahora, sino siempre y por tanto era iluso pensar que hubiera habido alguna preparación para enfrentar una segunda ola de contagios por Covid-19.
  2. Si se multiplica el costo de una vida en Bolivia por el número de muertes que se reportan por Covid-19, al 15 de enero de 2021 y se emplea la tasa de crecimiento estimado del PIB en 2020 de -6%, se obtiene un costo de la pandemia en términos de vidas de aproximadamente $us 12275,8 millones, equivalente al 32,16% del PIB, que no es un porcentaje menor a pesar de que valgan poco las vidas en Bolivia.

Con estos datos queda claro que es imposible hablar de recuperación económica en Bolivia en el corto plazo, si es que antes no se resuelve el problema sanitario y éste solo se resolverá cuando se empiece a vacunar a la población, algo que debería hacerse lo más pronto posible, inclusive permitiendo que se pueda acceder a las vacunas de manera privada, esperar solo significará aumentar estos costos y deprimir más aún la economía. A largo plazo habrá que promover nuevas políticas en salud y educación, que permitan valorar el capital humano y la vida, de otra manera estaremos condenados a seguir siendo e país más pobre de Sudamérica.

Referencias:

[1] https://www.nber.org/nber-studies-related-covid-19-pandemic-topic-area

[2] https://law.vanderbilt.edu/bio/w-kip-viscusi

[3] Los datos de las Figuras 2 y 3 referidos a movilidad, muestran el cambio porcentual de la misma respecto a la movilidad que existía antes de que se manifieste la pandemia en el país que es lo que se considera como un período normal de actividad (línea de base).

Bibliografía:

  • Viscusi, W. K. (2020) “Pricing the global health risks of the Covid-19 pandemic,” Journal of Risk and Uncertainty, Vol. 61, pp. 101-128.

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* Investigador Senior de INESAD, cmachicado@inesad.edu.bo

Los puntos de vista expresados en el blog son de responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la posición de sus instituciones o de INESAD. 

Crecimiento y tasas de interés

Por: Luis Carlos Jemio Ph.D.*

Después de sufrir los efectos de la crisis financiera internacional de principios de los 2000, Bolivia ha disfrutado en la última década de una bonanza económica de altos precios de materias primas de exportación, que se han traducido en elevados niveles de ingresos externos y fiscales, y acumulación de reservas internacionales. El crecimiento en los ingresos incentivo el crecimiento del gasto, tanto público como privado, lo que se tradujo en mayores tasas de crecimiento del PIB, reducción del desempleo y de la incidencia de la pobreza.

Además de los efectos benéficos de los altos ingresos, el país y la economía se beneficiaron de la reducción del stock de deuda que el país tenía con los organismos internacionales, como es el caso del BID, Banco Mundial y FMI. Esto representó un ahorro de casi US$ 150 millones anuales en el servicio de deuda multilateral, que pudieron ser utilizados para otros fines.

Sin embargo, hubo otro factor que también contribuyó a que en la economía boliviana se diera un auge económico importante, que son las bajas tasas de interés que prevalecieron durante todo este periodo de bonanza. Con tasas de interés activas bajas, existe un gran incentivo para que se materialicen mayores niveles de consumo e inversión. El gráfico 1 muestra que existe una correlación negativa significativa entre las tasas de interés activas reales, en moneda nacional, y las tasas de crecimiento del PIB trimestral, para el periodo 2000-2018. Es decir, durante los periodos donde las tasas de interés activas permanecieron altas, se tuvo menores tasas de crecimiento del PIB. Contrariamente, cuando las tasas de interés cayeron, la economía alcanzó una mayor dinámica.

Gráfico 1: Tasa de interés y crecimiento económico en Bolivia

Fuente: Elaborado en base a información del Banco Central de Bolivia.

El gráfico 2 muestra que a principios de los 2000, las tasas de interés se encontraban en niveles muy altos. Las tasas de interés reales activas en moneda nacional, a marzo de 2001, se situaban en niveles superiores a 20% y las pasivas en moneda nacional en niveles por encima del 6%. Durante este periodo, la economía se encontraba atravesando una situación de desaceleración económica, caracterizado por un elevado déficit fiscal, crisis financiera y bajas tasa de crecimiento del PIB.

Gráfico 2: Tasas de interés reales y crecimiento del PIB

Fuente: Elaborado en base a información del Banco Central de Bolivia.

En los años siguientes, y hasta septiembre 2008, las tasas de interés experimentaron un continuo descenso, hasta llegar en septiembre 2008 a niveles negativos de -1,04% en el caso de las tasas activas en moneda nacional, y a -7,80% en el caso de las tasas pasivas. Por otra parte, durante este periodo el crecimiento trimestral del PIB experimentó una recuperación de los bajos niveles alcanzados durante los primeros años de esta década. En septiembre 2008, la tasa de crecimiento interanual del PIB llega a ser de 7,06%. La crisis financiera internacional ocurrida a finales de 2008, tuvo el efecto de aumentar las tasas de interés internas, por la caída transitoria de ingresos y ahorro que esta generó en la economía.  Este aumento en las tasas duró hasta finales de 2010. Durante este periodo, el crecimiento trimestral de la actividad económica se desaceleró, a niveles por debajo de 4%.   A partir de 2011, Bolivia se recupera de los efectos de crisis financiera, y las tasas de interés vuelven a bajar y el crecimiento económico vuelve a repuntar. Finalmente, con la caída de los precios de las materias primas a partir de 2015, las tasas de interés domésticas han mostrado una tendencia al alza, lo cual también ha coincidido con una tendencia a la baja de las tasas de crecimiento del PIB.

Es claro que, durante este periodo, existió una correlación significativa entre los movimientos de las tasas de interés reales y el crecimiento del PIB. Sin embargo, no se puede concluir que las variaciones en las tasas de interés fueron el factor determinante del crecimiento del PIB, ya que hubo muchos otros factores que incidieron en el crecimiento. Sin embargo, es muy probable que las bajas tasas de interés observadas durante el periodo de bonanza económica, hayan contribuido a estimular la demanda agregada. En todo caso, las tasas de interés son consideradas en teoría económica, uno de los principales mecanismos de transmisión monetaria, y han jugado un rol en determinar el crecimiento. Potencialmente, el crecimiento futuro de la economía se verá condicionado por el comportamiento de las tasas de interés. Un aumento en las tasas de interés en el futuro, debido a una menor oferta de ahorro o a un aumento en las tasas de interés internacionales, tendría el efecto de reducir el crecimiento.

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*Investigador Senior de INESAD, lcjemio@inesad.edu.bo

Los puntos de vista expresados en el blog son de responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la posición de sus instituciones o de INESAD. 

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